Por acá siempre hablamos de el “juego libre”, es un concepto que las mamás y papás escuchamos seguido pero que quizás aún no está tan claro y por lo mismo se da a entender como algo complejo, cuando en realidad es una actividad que aparece de forma natural en la infancia. El juego libre es una actividad lúdica que nace espontáneamente y sin estructura, siendo una herramienta fundamental para el desarrollo social, cognitivo y emocional. Dentro de sus beneficios está el desarrollo de habilidades sociales clave (la cooperación, la empatía y la resolución de conflictos), ayuda también a la autorregulación emocional permitiendo que los niños regulen sus emociones de manera más efectiva frente a algunas situaciones
El clásico ejemplo de juego libre es el de el niñ@ que se encuentra con una caja de cartón vacía y entra en ella transformándola en una casa, auto, cohete, club, tienda, submarino o cualquier lugar/cosa donde su imaginación lo lleve. Esto suena muy simple, y lo es, pero lamentablemente la sobre estimulación a la que se enfrentan los niños hoy, ya sea por pantallas, ambientes sobrecargados con exceso de juguetes, elementos o actividades dificultan su realización. Es por esto que como papás debemos preocuparnos de que el ambiente sea propicio para desarrollar este tipo de juego, teniendo espacios con poca saturación y distracciones, idealmente teniendo al alcance de ellos materiales no estructurados y versátiles: cajas, telas, bloques de madera, entre otros objetos (de preferencia de materiales naturales), que sin ser nada específico pueden transformarse en TODO.
Esta es una invitación a recordar lo simple y rica que fue la infancia hace algunos años cuando el juego libre era la norma, y la responsabilidad de nosotros como padres de permitir y facilitar los espacios y materiales para el desarrollo de éste.